El SS Thistlegorm

El  SS Thistlegorm

Corría el año 1941. Los estragos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) arrastraban a los países en liza a una situación límite ocasionada por el más cruento conflicto al que el planeta se había enfrentado. El pulso entre Aliados y las Potencias del Eje empezaba a hacerse sentir más fuerte que nunca allá donde estuviesen dispuestas sus fuerzas, ya fuese en tierra, como en el aire y, por supuesto, en la mar. Es precisamente a este escenario al que la historia del pecio SS Thistlegorm, hoy en día sito en las profundidades del Mar Rojo, traslada.

Este barco británico había zarpado de Glasgow con dirección a Alejandría vía Ciudad del Cabo para no adentrarse en aguas del Mediterráneo por el riesgo que supondría atravesar el laberinto de minas colocadas por italianos y alemanes. ¿Su objetivo? Transportar vehículos, armamento y munición a las tropas de Reino Unido acantonadas en África. Debido a que otro barco se encontraba obstruyendo en aquellos mismos momentos la entrada del Canal de Suez, el Thistlegorm decidió anclar cerca del arrecife de Sha’ab Ali. Fue precisamente allí donde, el 6 de octubre de 1941, el SS Thistlegorm halló su final al convertirse en el blanco de dos bombarderos enviados por la inteligencia alemana, consciente de la presencia del barco en aquellas aguas.

Bastaron dos impactos generados por la Luftwaffe para que el Thistlegorm comenzara a hundirse hasta quedar depositado a 30 metros bajo la superficie del mar. 9 de 41 tripulantes perdieron la vida aquel día, probablemente sin poder imaginarse que, en la actualidad, y gracias a su excepcional estado de conservación, sería posible bucear entre los camiones, motocicletas, dos locomotoras, fusiles y cajas de municiones que jamás llegó a entregar. Especial mención requieren su enorme hélice, su ametralladora antiaérea, así como toda la vida apreciable alrededor del pecio. Eso sí. Aquellos con el suficiente valor como para sumergirse en busca de tan espectacular imagen harán bien en llevar neopreno largo, capucha y guantes por si, por accidente, tocan el hierro oxidado del barco.

Artículo escrito por Fco. Javier Morales.

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